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Boluarte enfrenta al menos 30 protestas desde su llegada al poder

  • owenvalencia20
  • 29 sept 2025
  • 2 Min. de lectura

A poco más de tres años desde el inicio del gobierno de Dina Boluarte, las calles del país han sido escenario de una constelación de protestas que, según analistas, reflejan un mosaico de demandas y desencuentros que siguen sin resolverse. En los primeros meses tras el fallido intento de golpe de Estado de Pedro Castillo el 7 de diciembre de 2022, el rechazo al nuevo régimen se hizo tangible a través de concentraciones, plantones y marchas, a menudo con balance de violencia y muertes en distintas regiones.


Desde entonces, ha vivido al menos 30 grandes movilizaciones sociales que han atravesado Lima y numerosas provincias. Estas protestas no han sido estáticas: se han adaptado a las dinámicas políticas, incorporando nuevos reclamos conforme avanzan los años 2024 y 2025.


Demas de las consignas iniciales por la renuncia de Boluarte y el adelanto de elecciones, las demandas se han diversificado. En 2024 y 2025, sectores transportistas urbanos han elevado la voz para exigir una respuesta más eficaz frente a la criminalidad y a la ola de extorsiones que afecta a comerciantes, empresarios y usuarios del sistema de transporte. En Lima y otras regiones, movimientos sindicales y colectivos sociales han convocado a actividades para manifestar su descontento con políticas gubernamentales y con la percepción de inercia ante la seguridad ciudadana.


La minería artesanal ha emergido como un tema central en este periodo: sus promotores piden mayor flexibilidad en la formalización, en un contexto en el que la economía ilícita —minería, narcotráfico y trata de personas— comparte espacio con la economía formal. En ese marco, nuevos actores se han sumado a las protestas, entre ellos jóvenes de la llamada Generación Z, que expresan su descontento con las políticas del Congreso y del propio Ejecutivo.


“En los últimos tiempos se está hablando solo de un lado de la cara de la medalla, pero no del otro lado, porque la sociedad tiene sus demonios, así como la política tiene sus bandidos”, comenta el analista para este medio. El experto subraya que no sería razonable interpretar las protestas como un intento inmediato de desestabilizar el gobierno a días de elecciones; más bien, las ve como una lectura de la realidad social que evoluciona con el tiempo.


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